domingo, 9 de agosto de 2009

la ciudad de los malditos

Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas
o un elogio a cambio de una historia.
Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que,
si consigue que nadie descubra su falta de talento,
el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza,
un plato caliente al final del día y lo que más anhela,
su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él.
Un escritor está condenado a recordar ese momento,
porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

TE VAS A MORIR?
Te envio arroz y unas latas de tomate urgentemente.
julio

Anónimo dijo...

que feo, esta mañana prepare el mate y me sente frente a la compu como cada sabado para leer la entrada de beto, pero no habia... espero que la inspiracion te acompañe hoy.
vuelvo a probar suerte mañana....

flor.-